jueves, 2 de mayo de 2019

LAS PALMAS DEL DOMINGO DE RAMOS EN LOS VILLARES, JAÉN

LAS PALMAS DEL DOMINGO DE RAMOS EN LOS VILLARES, JAÉN

Álvaro Luque Lomas (Historiador del Arte por UJAEN y Arqueólogo por UGR)

 


 

La tradición:

El pueblo de Los Villares, a lo largo de su historia ha mantenido diferentes tradiciones, que identificamos en el carácter de nuestras fiestas y expresiones populares. Entre ellas encontramos el trabajo artesanal de la palma blanca del Domingo de Ramos, cuya técnica y costumbres sobreviven hasta nuestros días, teniendo lugar a comienzos de la temporada de Semana Santa.

Tanto en Los Villares como en otros pueblos del entorno, podemos señalar algunos aspectos generales en torno a su tradición. Esta técnica es conocida como “el rizado de palma blanca” y consiste en trabajar sus hojas de forma artesanal para dotar de la máxima belleza a las palmas. Esta costumbre popular de carácter religioso no tiene un origen local, sino que está muy difundida por toda la geografía española y muchas regiones europeas, y en nuestro territorio se remontaría al menos al siglo XV. Su significado cristiano representa el inicio de la Semana Santa, cuando se celebra la entrada de Jesús en Jerusalén en medio de la multitud que lo proclama “hijo de Dios” alfombrando su camino con ramas de palmera y olivo.

Según nuestra costumbre, horas antes de la misa y de forma previa a la procesión y a su bendición, se entregaban las palmas a las autoridades del municipio. Actualmente en el Ayuntamiento reparte palmas y ramón de olivo a todos los vecinos que lo deseen.

Finalizado el acto religioso, las palmas bendecidas de los vecinos se llevaban a casa y eran trabajadas por los que conocían la técnica del “rizado de la palma”, con la finalidad de ornamentarlas con diferentes motivos. Igualmente, era frecuente realizar pequeñas cruces artesanales a partir de hojas escogidas y extraidas de la palma.  Una vez acabadas, las palmas y las cruces eran colocadas en los balcones y ventanas de las casas, “rizadas” o “peinadas” al natural, confiando en que traería protección al hogar, así como adorno a la fachada. También con las hojas sueltas de la palma se aprovechaba para fabricar otros elementos artesanales como pequeños juguetes, etc. En otras localidades, las palmas se colocaban además junto a las imágenes religiosas en sus iglesias, aunque en Los Villares parece no haber existido dicha costumbre.

Entre los creyentes se concedía a la palma bendecida un trato de reverencia, por ello tras trabajarla, los restos eran guardados por las mujeres para quemarlos en señal de respeto. La creencia popular confiaba en las propiedades milagrosas de las palmas y crucifijos, colocándolas en rejas de balcones y ventanas como símbolo de protección. Principalmente se pensaba que amparaban de la entrada de males a la casa y evitaban daños como los rayos durante las tormentas. Así, en el pasado, era muy habitual encontrar las calles de Los Villares con fachadas adornadas por estos elementos religiosos. Hoy en día aún pervive esta costumbre, aunque cada vez resulta más difícil encontrar quien sepa trabajarlas o esté interesado en aprender y continuar con su tradición.

  

Un patrimonio inmaterial villariego:


El conjunto de conocimientos, técnicas artesanales y costumbres que constituyen el rizado de la palma blanca del Domingo de Ramos en Los Villares, debe ser reconocido como seña de identidad en nuestra comunidad. Todos los elementos que componen esta tradición constituyen un patrimonio cultural inmaterial, que es definido por la UNESCO en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial (París, 2003) como “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural”.

¿Cómo ha sobrevivido esta tradición?

En el pasado de Los Villares, como en la mayoría de pueblos de la zona, el “rizado de las palmas” era un trabajo artesanal perpetuado generalmente por mujeres, que se legaba de generación en generación de forma práctica y oral, principalmente se encargaban las ancianas de transmitir el conocimiento a las jóvenes dentro de la propia familia o a través del vecindario, tratándose siempre de una técnica artesanal no comercial, practicada exclusivamente en ese momento del año.

Esta tradición, como otras muchas del pasado, ha experimentado un progresivo desgaste en los últimos años, debido a los cambios en los modos de vida y formas de pensamiento. Para intentar frenar la pérdida de este patrimonio cultural inmaterial, en muchas localidades de toda España y en distintas regiones donde el rizado artesanal de la palma ha tenido un fuerte arraigo, como en Sevilla o Elche, se comenzaron iniciativas por parte de las instituciones, hermandades religiosas y cofradías que pretenden fortalecer y poner en valor este símbolo popular de la llegada de la Semana Santa y formar en su técnica artesanal a todo aquel interesado. Principalmente a través de la creación de talleres, escuelas, cursos, exposiciones, etc. Igualmente, en nuestro municipio, hemos podido contar con el “TALLER DE ADORNOS DE PALMA” realizado en Los Villares, llevado a cabo el 25 y 29 de abril de 2019, en la sala de manualidades del Centro de Adultos, impartido por vecinas mayores de nuestro pueblo. Su objetivo ha sido perpetuar los conocimientos y técnicas, las denominaciones de sus adornos, su preparación, etc.




 Su elaboración:

   

La preparación de esta tradición conlleva un proceso largo de elaboración. Generalmente, el primer paso es la obtención de palmas blancas mediante un procedimiento denominado “encaperuzamiento”, consistente en el atado de las palmas jóvenes alrededor del ojo de la palmera, con la finalidad de impedir que la luz solar incida en ellas y obtener así el característico color blanquecino-amarillento de sus hojas. Cuando estas nuevas palmas alcanzan un tamaño apropiado son cortadas y preparadas, siendo guardadas posteriormente en habitaciones especiales, en las cuales se quema azufre que produce vapor para conservar su flexibilidad y color hasta el Domingo de Ramos. Tras este tratamiento, las palmas están listas para ser entregadas. En el caso de Los Villares, estas son adquiridas y traídas expresamente para la celebración.

En este punto, las palmas son entregadas a los vecinos que las solicitan, para ser bendecidas y portarlas durante la procesión para posteriormente decorarlas. Las palmas solían trabajarse de forma individual, aunque también en grupo entre vecinos o familiares. El rizado de palma requiere agilidad e imaginación. La ornamentación dependería del grado de destreza y conocimiento sobre la técnica.

Para trabajarla se procura que la palma esté lo más fresca posible, conservando su flexibilidad y evitando que al secarse cambie de color e incluso se deshagan los motivos. Por ello, se guardan mientras tanto con el troncón en agua y son humedecidas como paso previo a su manipulación. La base de los diseños se realizaba generalmente a través de dos tipos de técnicas, mediante la trenza: conjunto de tres o más hojas que se entretejen cruzando alternativamente cada una de ellas por encima y debajo de la otra, o mediante pleita: consistente en una faja o tira de hojas de palma entretejida que uniéndose con otras se utiliza para ciertos motivos decorativos, siendo ambas técnicas la base de los posteriores diseños. Tras terminar de confeccionar los motivos del diseño, era necesario fijar bien el trabajo, a veces se realizaba un nudo con los extremos finales de las propias hojas y otras veces se recurría a aguja e hilo con el que dar unas puntadas e impedir que se deshagan los trenzados.

La variedad de motivos decorativos existentes en los diseños puede ser tan amplia como el ingenio y la destreza del artesano. Los motivos decorativos más comunes en nuestro pueblo son los siguientes:


 

 

 

 

 

Tipos de decoración:

 

Torrecicas:

Denominadas así por su forma alargada que recuerda a la figura de una “torre”, se solían ubicar en el arranque inferior de la palma, de forma individualizada, dispersas entre otros motivos a lo largo del diseño o como elementos que se unían entre sí formando otras decoraciones.

 


  

 

 

 

 

 

 

 

Espejos:

Se trata de un elemento decorativo que recibe el nombre por los motivos cuadrangulares que configura su diseño a modo de “espejo”. Solían hacerse como fondo trasero de la palma, sobre el cual se superponían el resto de elementos decorativos.


  

 

Hojas de pleita:

Se trataba de una faja o tira elaborada en pleita a partir del entretejido de las hojas de la palma. Este elemento servía para conformar otros adornos como las denominadas “flores”.


          

Florecillas exentas añadidas:

Son pequeños elementos florales decorativos de carácter exento, realizados con hojas de pequeño y medio tamaño. Se realizaban con hojas extraídas de la propia palma durante su preparación previa. Estas flores se colocaban al final del proceso, normalmente en puntos donde ocultaban uniones o remates del diseño y se fijaban con aguja e hilo.



Flores a base de hojas:

Estos motivos decorativos son muy variados y se podían componer de “hojas de pleita”, “torrecicas” y “florecillas exentas”, que se habían realizado previamente, para después ser unidas configurando unos doblados desde ambos extremos que recibían el nombre de “flores”.


Otros elementos elaborados con palma:

 


 

El trabajo artesanal de la palma no se reduce solo a su rizado. Era habitual extraer las hojas de las zonas bajas de la palma y elaborar con ellas otras piezas, como crucifijos de diferentes estilos, pequeñas flores, juguetes, etc. Los juguetes más característicos eran pelotas, sonajeros, retrepasimones, lagartos, etc. El tamaño de estas piezas exentas siempre dependería de la longitud de las hojas empleadas. A continuación explicamos algunos de las piezas más comunes fabricadas en Los Villares.

 

 

 

 

 

 

 

Elementos exentos religiosos:

Cruces:

Existe gran variedad de tipos de cruces y diversos modos de hacerlas, algunas más simples y otras de elaboración más complejas. Para fabricarlas se cogen hojitas de la palma y se cortan, estas se van retocando con recortes de tijeras y se suelen fijar con hilo y aguja, generalmente en color blanco o rojo. Podemos distinguir tres tipos: Las más elaboradas y complejas, con detalles y elementos que adornan con iconografía católica el crucifijo, como el santo rostro de Jaén y los rayos de sol que emanan los vértices de la cruz. Otras intermedias, que suelen llevar sus astas reforzadas haciendo molduras y volúmenes salientes como las conocidas cruces de “cuernecicos”. Y por último las más sencillas, consistentes en hojas lisas contrapuestas configurando una cruz.

 

   

        

 

Flores exentas:

Elementos decorativos florales que se hacen para insertar en la decoración de la palma rizada o como pieza individual que puede ser usada como broche, etc.

 

   

 

 

Broches y pequeñas palmas:

Estos elementos decorativos pueden hacerse simplemente para ser guardados como muestra de la destreza del artesano y por su belleza, ser colocados junto a imágenes religiosas o colocarse como broche en la solapa durante la procesión del Domingo de Ramos. No tienen una forma fija y su diseño depende del deseo del artesano, pueden ser las mismas florecillas exentas que se añaden a las palmas o variaciones de distintos diseños, más sencillos o más complejos.

  

 

 

 

 

Elementos exentos no religiosos:

 

Pelotas y Sonajeros:

Estos juguetes requieren las hojas más duras de la palma, ya que necesitan cierta rigidez y tensión para mantenerse. Para el caso de los sonajeros, se fabricaba una pelota a la que se le introducía antes de cerrarla por completo pequeñas piedrecitas, garbanzos o como se suele hacer hoy día, un cascabel.


  

 

Retrepasimones:

También conocidos en otras localidades como “trepatesimones”, este juguete típico consistía en unas hojas de palma entrelazadas con un singular nudo, el cual  permitía que ambos extremos pudieran hacer palanca uno sobre otro al tirar del opuesto sin detenerse. Además, este juego se solía acompañar de una cancioncilla popular infantil casi perdida que decía “Trépate Simón, que hoy trepas tú y mañana treparé yo”.


 

Lagartos:

Se trata de un juguete fabricado con tan solo 2 hojas. Un juego “atrapa dedos” en el que al introducir el dedo en su boca y tirar de su cola, este quedaba atrapado en su interior.




  

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